¿Cómo saber si necesitas crear una marca personal?

Era 2014 cuando esta pregunta surgió por primera vez para mí. ¿Crear una marca personal o no? Me lo planteó quien en ese entonces desarrollaba por tercera vez un diseño para mi otro proyecto (Hablemos de Moda Ya!), y lo hizo con la intención de mostrarme algo que se venía pero que yo no veía cercano para mi realidad de ese entonces.

Me dijo que lo que hacía con mi blog de moda era genial, generaba mucho impacto y me permitía trabajar con marcas, pero que tendría un límite: dejar una huella como experiencia de servicio. Prometo que en ese momento me pareció descabellado tener que pensar en otra web que además tuviera mi nombre ¡pero qué egocéntrico pensé! Y es que me sentía tan dentro de mi papel “blogger/periodista/asesora” y así toda una mezcla extraña, que no me daba cuenta el problema que me generaba a la vez y ¿sabes cuál era?

El blog de moda me sobrepasó. Se hizo famoso, muy reconocido, de hecho ganó un premio internacional, y fue motivo de participar incluso en dos programas televisivos, pero la persona detrás de todo eso se perdía, se mimetizaba con el concepto de tendencia, y me alejaba de lo que quería hacer en realidad. O sea, trabajar la imagen de clientes desde un lugar más personal y emocional. Es decir, había un doble discurso desde esa primera marca que generé, y eso traería consecuencias a nivel emprendimiento.

Marca Personal, mis primeros pasos.

Aunque no lo creas, fue recién hasta fines del 2016 cuando esta idea empezó a resonar cada vez más fuerte en mi cabeza, pero tuve otro dilema: tiempo e  inversión. Lo pospuse y pensé que “más adelante” sería mejor, y que mientras tanto podría intentar promover mis primeros talleres y servicios online desde una sección “apartada” del blog que yo misma intenté diseñar con “e-commerce” incluido. ¿El resultado? terrible.

No solo quedaba desencajada esa página que trataba de simular un e-commerce mal puesto, sino que tenía que seguir comunicándome como “Hablemos de Moda Ya!” porque de ahí salían los correos, los posts, un podcast que arranqué en esa época (se llamaba Fashion Audio Tips), y si bien conseguí algunas pocas clientas, nada era fijo, ni estable y la forma de promover lo que hacía seguía marcado por un ritmo blogger.

En junio 2017 me puse firme. Hubo un quiebre emocional y a nivel laboral en un lugar donde trabajaba part time y ahí fue donde decidí que no podía seguir postergándome más. Pensé en eliminar el blog, crear una marca desde cero y hacer borrón y cuenta nueva. Pero aún seguía mi cabeza debatiendo entre qué tanto arriesgar (invertir dinero) o qué más esperar para que “todo se acomode afuera y ver si surgía un milagro”. Y acá, si eres emprendedora voy a ser cruda con esto que te digo: lo peor que puedes hacer es seguir postergando la decisión de invertir y armarte un plan. No solo pierdes fe en lo que quieres crear sino que todo encarece, todo empieza a tornarse más y más competitivo y cada vez requerirás de más y más ayuda porque te estarás quedando atrás de tu competencia.

El esquema de una marca personal.

Conté con la suerte de encontrar las personas indicadas para trabajar mi proyecto desde cero. Me explicaron que no tenía por qué cerrar mi otra web, sino que simplemente crear una marca bajo mi nombre que pudiera albergar futuros proyectos (entre ellas ese blog que llevaba 7 años funcionando maravillosamente), que tendría que construir una imagen a todo nivel, desde el tipo de fotografía hasta el tono de hablar en mis redes.

Que debía crear una historia válida y un objetivo claro del por qué una marca personal me ayudaría a conectar con clientes que en verdad requerían de mis servicios. Y eso fue como una revolución emocional. Era hacerme cargo de todo lo que diría, propondría, vendería, promocionaría, y ya con mi propio nombre.

Así que acá te comparto un ejercicio que me sirvió, y fue escribir mi historia en una hoja en blanco. Entender qué me estaba llevando a crear esta marca, encontrar mis propias palabras para vender un servicio que ya existía pero no de la forma en la que yo lo veía.

Y claro está, contratar ayuda para lograrlo: diseñadora, desarrollador de web, especialista en marketing digital, fotógrafa, capacitaciones para manejo de herramientas técnicas que tendría que usar en mi día a día, y conforme le daba forma, me armé un manual, un calendario, un sistema, un trabajo real.

¿Qué fue lo que me impulsó a esta decisión final?

Que todo lo que había hecho de forma autodidacta y por ahorrarme unos pesos, me había pasado una factura muy alta, y era la de no tener independencia como emprendedora. Que no facturaba lo que necesitaba, que cada vez que alguien me preguntaba qué hacía no sabía explicarlo detrás de un blog, que era confuso incluso para mí (la experta) enviar una propuesta a alguien que quería un servicio, un taller.

Tener mi marca me dio claridad, orden, esquema, fluidez y recursos para afianzarme en un mercado y crecer en cartera de clientes. Tener mi marca fue la mejor decisión que pude tomar.

Y sí, puede sonar determinante, pero quienes han compartido conmigo saben a lo que me refiero con este proceso, y saben cómo se marca un antes y un después cuando das verdadera forma a tu empresa de servicios.

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